Bruselas lanza una propuesta para incentivar fiscalmente las inversiones a través de capital y reducir el endeudamiento de empresas y países

Bruselas lanza una propuesta para incentivar fiscalmente las inversiones a través de capital y reducir el endeudamiento de empresas y países

La Comisión Europea ha presentado este miércoles una propuesta legislativa para que las aportaciones de capital se beneficien de las mismas ventajas fiscales que la deuda. De esa manera, sostiene Bruselas, las empresas podrán financiar mucho mejor sus inversiones, tomar decisiones de negocio teniendo en cuenta sus intereses y no incentivos a corto plazo y se generará un entorno muchísimo más propicio en toda la UE para la transición digital y verde, pues según sus cálculos, al menos el 50% de la inversión de los próximos años requerirá apuestas de más riesgo.

Primero los números. Las ventajas fiscales de la deuda han ayudado a generar desequilibrios macroeconómicos bien conocidos, haciendo que «las empresas sean vulnerables a cambios imprevistos en el entorno empresarial. El endeudamiento total de las sociedades no financieras de la UE ascendió a casi 14,9 billones de euros en 2020 o el 111% del PIB», apunta la Comisión. «En este contexto, vale la pena enfatizar que las empresas con una estructura de capital sólida pueden ser menos vulnerables a los choques y más propensas a realizar inversiones e innovar. Por lo tanto, reducir la dependencia excesiva del financiamiento mediante deuda y apoyar un posible reequilibrio de la estructura de capital de las empresas puede afectar positivamente la competitividad y el crecimiento. Se espera que el enfoque combinado de asignación de acciones y deducción de intereses limitada aumente las inversiones en un 0,26% del PIB y el PIB en un 0,018″, ha explicado el comisario Paolo Gentiloni.

La situación es bien conocida. Hay apenas media docena de países en toda la UE que dan los mismos beneficios tributarios a las aportaciones de capital que a la deuda, pues lo normal es se permita que que los pagos de intereses se deduzcan de las bases imponibles, mientras que no ofrecen la misma opción al equity. Entre ellos, de forma destacada, Bélgica, tras una reforma lanzada en hace algo más de quince años. En 2013, los economistas de Stanford Francisco Pérez-González, Frédéric Panier y Pablo Villanueva recibieron el premio Jaime Fernández de Araoz por un trabajo en el que analizaban precisamente el caso belga, abogaban por una reforma como la que propone ahora Bruselas y denunciaban que «el sistema tributario nos paga para que nos endeudemos».

En su intervención de hoy, el vicepresidente Valdis Dombrovskis ha señalado que «las empresas europeas deberían poder elegir la fuente de financiación que mejor se adapte a su crecimiento y modelo de negocio. Al hacer que las nuevas acciones sean deducibles de impuestos, al igual que la deuda en la actualidad, esta propuesta reduce el incentivo para aumentar su endeudamiento y les permite tomar decisiones financieras basadas únicamente en consideraciones comerciales». La propuesta pasa ahora a la Eurocámara y los estados, que debatirán los detalles. Un proceso que, en todo caso, llevaría un largo tiempo hasta que las capitales lo adoptaran, en su forma actual o modificada.

La propuesta de Bruselas es que las provisiones de capital se calculen a partir de la diferencia entre el capital neto al final de un año fiscal y el anterior, multiplicado por una tasa de interés nocional, siendo éste el tipo de interés libre de riesgo a 10 años para la moneda que corresponda, pero por una prima de riesgo del 1% o, en el caso de las pymes, del 1,5%. La provisión sobre el capital sería deducible durante 10 ejercicios fiscales consecutivos, siempre que no supere el 30% de la renta gravable. Aunque el objetivo es equiparar la situación a la de la deuda, para que el ‘punto de encuentro’ sea más cercano, y para desincentivar el apalancamiento, la Comisión sugiere también una reducción de la deducibilidad de los intereses de la deuda en un 15 %, «para mitigar mejor el sesgo de deuda-capital, no solo del lado del capital sino también del lado de la deuda».

La experiencia del caso belga, reflejada en el trabajo del profesor Pérez-González, indicaba que nada más cambiar los incentivos se produjo un desapalancamiento en el agregado de la economía. Con la reforma, la proporción de capital sobre los activos aumentó enseguida, al menos un 15%, con efectos mucho más claros para las empresas de más de 100 millones de euros, en las que ascendía al 25%.

Con datos de hasta entonces, los economistas calculaban que la tasa marginal que se aplicaba a las inversiones de capital propio estaba en el 37%, frente al -60% de la deuda. Para España, en ese momento, calculaban que la diferencia era del 36% frente al -22% respectivamente. Para economías debilitadas, y con ratios de deuda altísimos, como ahora afronta casi toda la UE, parece un camino inevitable.

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